miércoles, 15 de agosto de 2012

The Ex-Boyfriend Of His Sister cap.16 Happy Bday Joe♥




Una hora más tarde, habían colocado la compra de Joe en los armarios, la niña dormía en un nido de almohadas sobre la cama y Joe y Demi estaban sentadas en el salón con una taza de café y unos sandwiches. Seguían sin luzy sin línea de teléfono. En el exterior se acercaba la noche, aunque la nieve seguía cayendo con tal intensidad que era difícil averiguar qué hora del día era.
Joe estaba sentado en el sofá mirando por la ventana como si hubiera en realidad algo que ver aparte de su propio reflejo a la luz de las lámparas.
-He vivido en Los Ángeles demasiado tiempo -comentó-. Había olvidado cómo son aquí las tormentas.
Podríamos quedarnos atascados en esta casa durante días si esto sigue así.
Demi se tomó el último bocado de su sandwich.
-Sí -se limitó a contestar.
Tenían otro tema mucho más importante del que hablar, y se quitó las zapatillas de andar por casa para cruzarse de piernas sobre el sillón.
Joe la miró y suspiró.
-De acuerdo. Dispara.
-Eso voy a hacer. ¿De dónde ha salido esa niña?
Joe se pasó una mano por la cara, y Demi empezó a ponerse nerviosa.
-¿Es de Natashia Evans? -le preguntó sin pensar.
El la miró con una expresión tan sumamente sorprendida, que Demi estuvo a punto de echarse a reír.
Pero fue él quien lo hizo.
-¿Por qué te parece tan divertido?
-Demonios...
-¿Demonios, qué? 
Joe inspiró aire.
-Nada. Es que tendrías que conocer a Natashia, eso es todo. Es la última persona en el mundo que tendría un hijo... y mucho menos que fuese a perderlo.
Demi frunció el ceño, confundida. Por un lado quería saber más sobre Natashia, aunque no debería desearlo, pero averiguar de dónde había salido la niña era lo más importante.
-Bueno, pues si la niña no es de Natashia Evans, entonces ¿de quién es?
-No tengo ni la más remota idea.
-¿Cómo?
-He dicho que no tengo ni idea -repitió, y apoyó los codos sobre las piernas-. Fui a Reno para ir al supermercado, y cuando salí de comprar, había empezado a caer nieve, así que me dirigí a la autopista para volver cuanto antes. Pero entonces me di cuenta de que me quedaba poca gasolina, así que paré en una gasolinera de esas grandes. Ya sabes, una de esas que tienen tienda y todo.
-Sí, ya sé.
-Mientras me llenaban el depósito, fui al lavabo.
-¿Y eso qué tiene que ver con la niña?
-Tranquilízate, Demi. Ahí es donde quiero llegar. Entré al baño, y cuando salí, pagué la gasolina. Entonces seguí hacia aquí. Y eso es lo que me imagino.
-¿Qué te imaginas?
-Que mientras estaba en el lavabo, alguien debió poner a la niña en el asiento trasero de mi coche, porque no estaba ahí cuando salí del supermercado. Y la visita al lavabo ha sido el único momento en que he dejado el coche vacío, porque he venido directamente. He pasado un rato horrible. Era como conducir entre palomitas que estuvieran haciéndose. No veía nada. He tardado tres horas en llegar a Red Dog City, pero quería llegar a casa, así que continué. Fue después de coger la salida para Barlin Creek Road cuando el bebé empezó a llorar. Ha sido una de las cosas más extrañas que me ha pasado jamás; yo preguntándome si iba a quedarme atascado y, de pronto, empiezo a oír llorar a mi espalda -Joe volvió a recostarse contra el respaldo-. -Me llevé un susto de muerte. Estuve a punto incluso de salirme de la carretera. Después empecé a pensar que iba a necesitar que alguien me ayudase, así que decidí intentar encontrar el camino de tu casa. Sólo Dios sabe cómo, pero lo conseguí.
Cogió la taza de café que había dejado sobre la mesita de al lado y tomó un sorbo.
-El resto ya lo sabes.
Demi se lo quedó mirando un instante en silencio.
-¿Por qué? ¿Por qué iba a hacer alguien una cosa así?
-Yo tampoco lo entiendo, y hasta que la línea de teléfono no funcione, me temo que no vamos a poder averiguarlo.
Demi no dijo nada. Estaba intentando decidir si creerlo o no, y su expresión debió revelar sus dudas, porqué Joe masculló un juramento en voz baja.
-Vamos, Demi, no irás a pensar que he sido yo quien ha secuestrado a la niña. Sé que no siempre he sido completamente sincero contigo, pero romper espejos y estropear un triturador de basura es mi límite, te lo prometo. ¿De verdad crees que soy de la clase de hombres que secuestrarían a un niño inocente?
-No -contestó ella tras pensarlo un instante-. No creo que hayas sido tú. Además, tu explicación tiene más sentido que cualquier otra cosa que pudiera ocurrírseme.
-Es un alivio oír eso.
Su voz estaba cargada de ironía.
-Pero la pregunta más importante sigue sin respuesta: ¿quién haría una cosa así a un niño indefenso?
-Ya te he dicho antes que no vamos a saber la respuesta hasta que no recuperemos la luz, la línea de teléfono y las carreteras.
Los dos se quedaron en silencio. Fuera el viento seguía rugiendo, hasta que al final él preguntó:
-Bueno, ¿y ahora qué?
Demi lo miró a los ojos. Tenía mil preguntas más que hacerle, preguntas mucho más personales, pero tuvo miedo de hacerlas, así que se limitó a descruzar las piernas y volver a ponerse los mocasines.
-Creo que mi cuna está en alguna parte del maletero. Vamos a ver si soy capaz de encontrarla.
La cuna estaba metida al fondo de un pequeño maletero que Demi llevaba dos años usando como lugar para guardar cosas. Agachada y armada con una linterna, maniobró para hacerse sitio.
La cuna estaba allí, al fondo, sobre una enorme caja que una vez contuvo un enorme ventilador y que ahora sólo Dios podía saber qué contenía. Aún agachada, Demi levantó la linterna.
Las sombras en aquel espacio largo y bajo se levantaron y hasta parecieron bailar. La vieja cuna de madera apareció en relieve, con su sombra alargada y misteriosa proyectándose contra la pared.
-¿Demi? -la llamó Joe desde la habitación.
-Sí. La he encontrado. Está aquí.
Dejó la linterna sobre la superficie llena de polvo de una mesa y cogió la cuna.
-Aquí la tengo -dijo, y como un trofeo, la colocó a los pies de Joe para volver por su lámpara-. Vamos a ver qué tal está.
Demi se arrodilló y Joe lo hizo también, pero con algo más de trabajo. Tocó una esquina con la mano, y la cuna se meció suavemente.
-Me la hizo mi padre -dijo Demi-. Antes de que yo naciera.
Joe cambió la posición de la lámpara para iluminar el pie de la cuna.
-Es evidente.
-¿El qué?
-Pues que te la hizo antes de nacer -le explicó, señalando el pie de la cuna.
Demi miró hacia donde él señalaba. Como ya sabía, su nombre estaba pintado en el pie adornado con una rosa que salía de la e final. Pero con el paso del tiempo, la pintura se había ido desgastando y bajo su nombre, con bastante claridad, se podía leer Mitchell Jr.
-Vaya... -exclamó, rozando con los dedos el nombre aparecido-. Pentimento.
-¿Qué?
-Es un término artístico.
-¿Y qué significa?
-Significa que a veces, un artista cambia de idea y pinta algo sobre lo que inicialmente había pintado, luego, con el paso de los años, la segunda imagen se borra y aparece la primera. Eso se llama pentimento. Creo que es un término latino que significa arrepentimiento, porque el artista se arrepiente de su elección inicial. - Joe estaba observándola y no le gustaba la expresión de su rostro.
-Así que, desde le principio, tu padre pensó que ibas a ser un chico. Un pequeño Mitchell Jr. 
Demi carraspeó y se puso de pie.
-Sí, bueno... pero no lo fui.
-Exactamente. No lo fuiste.
Demi se lo quedó mirando con recelo.
-¿Y qué quieres decir con eso?
-Sólo lo que he dicho -contestó, y se apoyó en la cuna para levantarse-. No importa lo mucho que a tu padre le hubiera gustado que fueses un chico, porque no lo fuiste.
-Eso es evidente.
-¿Ah, sí?
A Demi le estaba molestando lo seguro de sí mismo que parecía. Hasta ese momento, a pesar de todo, se habían estado llevando muy bien, pero ahora sentía la rabia crecer en su interior.
-Me pone enferma cuando la gente hace preguntas vagas en lugar de decir lo que piensan.
-¿Debería ser más específico?
-Sí -Parecía amenazante. Estaba demasiado cerca, y Demi retrocedió un paso-. No -dijo, cambiando de opinión-. Olvídalo.
El la sujetó por un brazo y ella se volvió a mirarlo
sorprendida.
Entonces recordó lo que había ocurrido aquel día, junto al ventanal de su casa. También la había sujetado por un brazo. Y la verdad es que, mirando hacia atrás, daba la impresión de que, desde aquel día, todo había empezado a irle mal.
-Suéltame -le pidió, igual que aquella vez.
Pero esta vez él no la dejó ir.
-Un momento. Puede que esta tormenta haya sido lo mejor que nos haya ocurrido a los dos.
-Estás chiflado.
-Puede que sí, pero estoy aquí. Y tú vas a estar también aquí, atrapada conmigo, durante un tiempo. Y antes de que la tormenta pase, vas a tener que vértelas conmigo.
-Yo no apostaría por ello.
-¿Me estás desafiando? Siempre me han gustado los desafíos. Pregúntaselo a L.W. Creedy si no. El te lo contará.
-Suéltame el brazo.
Él hizo como si no la hubiese oído y siguió hablando.
-¿Alguna vez te has parado a pensar lo parecidos que somos, Demi?
Ella dio un tirón del brazo, pero él no la soltó. Demi era una mujer fuerte, pero él lo era más.
-No nos parecemos en nada.
-Sí que nos parecemos. Nuestros padres nos formaron a los dos, decidieron quién debíamos ser cuando llegásemos a ser adultos. El tuyo te moldeó a ti para que ocupases el puesto del hijo que nunca tuvo. Y después te dejó que ocupases el suyo.
-Mi padre no me dejó. Murió. Tuvo un infarto. No fue culpa suya.
-Pero tú lo culpas.
-¿Cómo te atreves...?
-Porque es cierto. Lo culpas. Por dejarte con todas esas mujeres de las que ocuparte. Por arrebatarte la oportunidad de ir a la universidad, la oportunidad de vivir tu vida como tú habías soñado que harías.
-No...
Él no la escuchaba.
-Y mi padre... bueno, la verdad es que hace que el tuyo parezca un santo. Lo que mi padre me enseñó a mi fue que mi vida no valía nada. Tuvo que hacerse cargo de mí con dos años cuando mi madre murió y nunca le importé un comino. Más de una vez me dijo que yo le había estropeado su estilo de vida, que desearía que no hubiera nacido. Por su culpa, me dediqué a arriesgar mi vida, para demostrarle que era alguien importante, no sólo el mocoso de Paul Jonas.
Las palabras de Joe eran difíciles de asimilar, y la ira de Demi dejó paso a la simpatía por el niño herido que fue una vez. Por un momento, lo tuvo ante sí cuando era un niño, descalzo y sucio, sentado en las escaleras del supermercado cuando era sólo la tienda de ultramarinos. Se estaba comiendo un trozo de carne en salazón que alguien del pueblo debía haberle comprado, y se la estaba comiendo con ansia, como si fuese lo único que hubiera comido desde hacía días.
-Tú sabes cómo era yo -añadió Joe con aspereza.
Demi lo miró a los ojos, y vio en ellos el dolor y la vergüenza.
-Joe, yo...
-No lo digas -la interrumpió, apretándole más el brazo-. Ahórrate la lástima. Ya no la necesito. ¿Dónde estaba? Ah, sí; en que los dos hemos aceptado grandes retos. Tú sacaste adelante a la familia de tu padre en su lugar, y yo arriesgué el cuello en cada ocasión que se me presentó.
-Joe, por favor...
-Y los dos estamos más allá de los treinta y seguimos solteros. Ninguno de los dos nos hemos atrevido a enfrentarnos a los desafíos reales de la vida. No nos hemos casado, ni hemos tenido hijos.
-Hay mucha gente que no está casada a nuestra edad. Mira a Bob Tamberlaine, Lizzie Spooner, Selena...




Hola niñas aqi les dejo dos capis Jemi 
ya qe hoy es el cumpleaños de nuestro amado Joe Jonas 
bueno niñas las qiero mucho sorry si casi no publico pero casi no tengo tiempo 
las amo♥

4 comentarios:

  1. woooo este capi ya explica mucho me encanta

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  2. esta super genial la nove... soy una nueva lectora... he estado poniendome al día con todas tus noves... especialmente las de JEMI...

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  3. sigue subiendo capis... todos los días entro para ver si has subido algún capitulo... me tienes super encantada con la nove... besos...!!!

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