miércoles, 25 de enero de 2012

"Darling enemy" Niley♥cap.14


Nick soltó a Miley justo cuando la puerta se abrió y entró Selena, que se quedó de piedra al ver allí a su hermano, con su habitual expresión hosca, y a su amiga, roja como una amapola.
—Dejadme adivinar: ¿serán veinte pasos antes de dispararos un huevo?, ¿O vais a batiros con tenedores? —les dijo con guasa, tratando de disipar la tensión que se mascaba en el ambiente.
Nick esbozó una leve sonrisa.
— No exactamente. Bueno, iré a despertar a mamá. Me muero de hambre —y salió de la cocina.
—¿Qué ha pasado? —inquirió Selena en un susurro impaciente.
—Que me ha invitado a montar a caballo —respondió Miley sacudiendo la cabeza—. No creo que llegue a entender nunca a tu hermano.
—Oh, yo creo que algún día sí lo entenderás —contestó Selena con una sonrisa cómplice, mientras pasaban al comedor, donde ya estaban tomando asiento Nick y su madre.
Durante todo el desayuno, Miley sintió la mirada masculina sobre ella. En un momento dado alzó la vista de su taza de café, y se miraron a los ojos largo rato, el aire entre ellos pareció cargarse de electricidad, y Miley se encontró pensando en lo increíblemente atractivo que era, y deseando poder sentarse en su regazo, enredar los dedos en su cabello, trazar sus finos labios, e imprimir besos por todo su rostro.
En ese instante leyó la misma ansia en los ojos de él, en esos ojos plateados que parecían poder ver dentro de ella.
—Miley, estaba todo delicioso —le dijo la señora Jonas con una sonrisa, devolviéndola a la realidad—. Hasta hoy no me había dado cuenta de cuánto echo de menos a la señora Peake. Gracias, querida.
—De nada —contestó Miley, tratando de no dejar que se traslucieran en su voz las emociones que la agitaban en ese momento.
— Y estas galletas... —continuó alabándola la madre de Selena—, yo diría que son incluso mejores que las de la señora Peake.
—Bueno, la verdad es que no es un mérito, sino que tengo mucha práctica haciéndolas —explicó Miley modestamente—. Durante los meses que paso en la universidad, tengo un trabajo de media jornada en una cafetería.
—¿Y para qué diablos necesitas ese empleo? — exigió saber Nick—. Tu tía te mantiene y paga tus estudios, así que, ¿para qué te matas a trabajar?, ¿Sólo para tener más dinero que gastar?
—¿Qué dices? —intervino Selena acaloradamente—. Su tía no...
Miley le dio un pisotón por debajo de la mesa para que se callara, y su amiga tuvo que morderse la lengua para no quejarse de dolor.
—No te preocupes, Selena —le dijo Miley con firmeza.
Si Nick quería creer que sólo trabajaba para tener dinero que gastar en frivolidades, por ella perfecto. No le importaba lo más mínimo.
—Disculpad —murmuró.
Se levantó sin mirar al ranchero y salió del comedor, pero Nick le dio alcance antes de que hubiera subido tres peldaños de la escalera.
—Escucha, Miley... lo que acabo de decir... no lo decía en el sentido por el que te lo has tomado —le dijo agarrándola suave pero firmemente por el brazo.
Teddi lo miró con aprehensión e incertidumbre.
—Para tu información —le dijo—, tengo que sacar dinero de algún sitio para comprarme la ropa que llevo a diario, y algunos trabajos de la agencia de modelos exigen que tenga mi propio vestuario.
Nick enarcó una ceja.
—¿Es que la generosidad de tu tía no da para tanto?
Se quedaría con dos palmos de narices si supiera para lo poco que daba la «generosidad» de su tía, se dijo Miley amargamente. No sólo tenía que comprarse ella la ropa, sino también pagar sus estudios y el transporte. Con todos esos gastos apenas podía ahorrar nada, pero sabía que una buena preparación académica la ayudaría un día a independizarse, y ya sólo le faltaba un año más. Sólo un año más, y sería totalmente libre.
  De pronto la mano en torno a su brazo la acarició suavemente, y Miley alzó la mirada. 
—Siento haberte molestado, Miley, de verdad — le dijo—. Además, acabábamos de declarar una tregua, ¿recuerdas? Es sólo que me sorprendió pensar en ti haciendo algo menos glamuroso que pasar modelitos. En fin, ¿qué quieres que te diga?, No puedo imaginarte de cocinera.
—Pues el desayuno que acabo de preparar, y la cena que hice el otro día, demuestran que sé cocinar— le recordó ella.
—Es verdad —asintió él—, y me descubro ante ti —añadió, haciendo el gesto de quitarse un sombrero imaginario—. Anda, vamos, no te enfades conmigo. Happy ya tendrá ensillados los caballos, y voy a llevarte hasta la propiedad de los Johnson.
—¿Dónde hay todas esas piceas azules? —inquirió ella con los ojos brillantes.
—Te encantan los árboles y las flores, ¿eh? —le dijo él, riendo ante su entusiasmo.
Miley asintió con la cabeza.
—Casi pareces una chica de campo —comentó Nick—. Dime, ¿no echas de menos la ciudad?
Ella lo miró a los ojos muy seria.
— No —le respondió con sinceridad—, no la echo de menos en absoluto.
Montar a caballo era uno de los pasatiempos preferidos de Miley, pero cabalgar junto a Nick era aún mejor. Tenía un aspecto realmente magnífico sobre su cabalgadura, se dijo soñadora: alto, ancho de espaldas, bien erguido...
Nick giró la cabeza en eso momento y la pilló mirándolo. Una de las comisuras de sus labios se arqueó hacia arriba y se rió entre dientes al ver que ella se sonrojaba.
—El... um.. el paisaje es verdaderamente precioso, ¿verdad? —balbució Miley, aclarándose la garganta.
—No tanto como tú —murmuró él con una mirada apreciativa—. No me importa que me mires, Miley, ni tienes por qué avergonzarte de hacerlo.
— ¡Qué bien me conoces! —exclamó ella, echándose a reír.
Esa risa clara y argentina pareció iluminarla, y Nick se quedó mirándola fascinado. Con el sol arrancando reflejos rojizos de su cabello castaño oscuro, y los ojos brillantes, estaba tan hermosa que habría detenido el tráfico en una concurrida avenida.
—Haces que me sienta como una colegiala —lo acusó Miley—, vergonzosa y tímida. Te encanta ponerme en evidencia.
—No es eso —repuso él, sonriendo—, lo que me encanta es hacerte sonrojar.
—Eres malo —farfulló ella haciendo pucheros.
Nick se rió suavemente.
—¿Has visto ya nuestros nuevos caballos árabes?—le preguntó.
—No, Taylor iba a enseñárnoslos a Selena y a mí el otro día, pero se debió... «distraer», y se le olvidó —le dijo Miley con una sonrisilla elocuente.
— Se distrajo... —repitió Nick—. Últimamente eso le ocurre con demasiada frecuencia. Selena está haciendo que descuide su trabajo.
—Oh, vamos, Nick, no seas tan duro —comenzó ella vacilante, sabiendo que defender a los enamorados podía hacer que se rompiera su tregua—. Y, si es por Jenna, no veo motivos para que te opongas a su relación. Taylor es un buen hombre.
Tal y como había esperado, él le lanzó una mirada cortante.
—La cuestión no es si Taylor es un buen hombre o no —replicó—. Sabes muy bien lo gastosa que es Selena. ¿Crees que ese chico podría mantenerlos a los dos con su salario, con los gustos tan caros que tiene mi hermana? Aunque le diera una parcela en el valle y lo ayudara, le costaría un trabajo enorme lograr establecerse. ¿Tú ves a mi hermana arrimando el hombro, o siquiera manchándose las manos?
—Creo que minusvaloras a Selena —le dijo Miley, escogiendo sus palabras con cuidado—. Cuando algo le importa, lucha por ello, y estoy segura de que Taylor no tendría que hacerlo todo solo, porque Selena lo ama, y estaría al pie del cañón con él en todo momento.
—Selena no está enamorada de él: está encaprichada con él —la corrigió Nick—. A vuestra edad no se sabe lo que es el amor.
Miley apartó la vista.
—¿Eso piensas? —le espetó con cierta amargura, recordando las noches en vela que había pasado por el hombre sin corazón que cabalgaba a su lado.
—El asunto es —concluyó Nick, zanjando la discusión—, que Selena es mi hermana, y que se trata de un problema que sólo nos atañe a mi madre, a ella y a mí.
Aquellas palabras fueron como una puñalada para Miley. ¿Era ése su destino, ser siempre una extraña para él?
—Gracias por recordarme que no tengo voz ni voto en vuestros asuntos de familia —le dijo dolida, sin dignarse a mirarlo—. Ahora, si no te importa, regresaré sola. No me siento cómoda en tu compañía.
Hizo que el caballo diera media vuelta y comenzó a descender la senda bajo los enormes pinos que discurría junto a la orilla del río.
Nick fue tras ella, agarró las riendas de su caballo e hizo que se detuviera.
—Desmonta —le dijo.
Miley no se movió, pero él se bajó de su montura y la tomó por la cintura, obligándola a bajar también.
—Déjame marchar —farfulló ella, reprimiendo a duras penas las ganas de llorar—. No debería haberme quedado, debería haberme ido esta mañana. Puede que el apartamento de Nueva York no sea un hogar, pero allí al menos no me siento como una intrusa.
—Tu hogar está donde esté yo, Miley —murmuró él—. ¿O es que aún no te has dado cuenta?
Y antes de que pudiera contestar, Nick había agachado la cabeza y tomado sus labios. Miley cerró los ojos, sintiendo que la alzaba en volandas y caminaba con ella en sus brazos sin dejar de besarla.
De pronto notó que se detenía y la tumbaba en el suelo, pero siguió sin abrir los ojos. Estaba demasiado absorta en el sensual y tierno ardor de la boca de Nick como para atender a nada más. Sentía agujas de pino secas bajo su espalda, y escuchaba el suave ruido del viento y del agua corriendo, pero tenía la impresión de estar dentro de un sueño.
Sólo cuando los dedos de él rozaron sus senos, abrió los ojos y se removió inquieta.
—No tienes nada que temer —le aseguró Nick.
Mirándola a los ojos, mientras sus manos tomaban posesiones de aquellas suaves cumbres, como si tuvieran todo el derecho a hacerlo.
—No, por favor... —le rogó ella en un susurro ahogado.
El silencio del campo pareció magnificar el ligero roce de los dedos de Nick al acariciarla a través de la camisa de algodón.
—¿Por qué no?
—Porque es algo tan... íntimo —consiguió articular Miley con dificultad, detestando las reacciones de su cuerpo, que le decían a las claras cuánto le gustaba lo que estaba haciéndole.
Nick inclinó la cabeza y le besó los párpados, haciendo que cerrara los ojos.
—No me mires de esa manera acusadora —le susurró—. No voy a hacerte daño. Sólo quiero sentirte, tocarte... experimentar la suavidad de tu piel bajo mis manos. Quiero enseñarte todo el placer que pueden darse un hombre y una mujer.
—No... lo que quieres es volver a humillarme — musitó Miley angustiada—. Igual que aquel día, en Semana Santa, en el establo...
Miley notó cómo él se tensaba un instante, antes de besarla en la mejilla, y luego en el cuello, justo bajo la oreja.
—Ésa no es la razón por la que estoy haciendo esto —le susurró Nick con voz ronca—. Si quieres una, es que me estoy consumiendo de deseo por ti.
Él levantó la cabeza, y Miley abrió los ojos, observando cómo los labios del ranchero se colocaban a unos centímetros de los suyos, y cómo la tensión se acumulaba en su cuerpo.
—No... no me fuerces —le rogó aprehensiva—. No seas rudo conmigo...
—Te trataré como a una figura de porcelana si confías en mí y me dejas hacer —susurró Nick contra su boca—. Y si en algún momento quieres que pare, no tienes más que decírmelo.
Le rodeó las mejillas con las manos, y sus labios descendieron sobre los de ella, besándolos con dulzura, pero también como si jamás fuese a saciarse de ellos, y pronto Miley se fue relajando ante esa pasión contenida.
—¿Lo ves? —le dijo Nick, levantando la cabeza un instante, e imprimiendo pequeños besos por toda su cara—, no tenía intención de saltar sobre ti como un perro de presa.
Esbozó una sonrisa y, apoyando el peso de su cuerpo en un codo, escudriñó el rostro arrebolado de la joven, y su mirada descendió hasta el cuello de la camisa. Desabrochó un par de botones, e introdujo la mano en el estrecho espacio entre sus senos, observando la reacción de placer en los ojos de Miley cuando tocó su piel desnuda, y sus dedos se aventuraron bajo el encaje del sostén.
—Eres tan exquisitamente suave... —murmuró mientras la exploraba, y se acercaba al erecto pezón.
Miley le clavó las uñas en los brazos, y contuvo el aliento. Nunca había experimentado una sensación igual; ningún hombre la había tocado de aquella manera. Era tan distinto de aquella pesadilla, de aquel infierno por el que había pasado a los catorce años...
La creciente excitación hizo que su cuerpo se tensara, como la cuerda de un arco.
—Tranquila —le susurró Nick, rozando sus labios con los de ella mientras la acariciaba más sensualmente—, no voy a hacerte daño. Simplemente relájate y deja que suceda.
—Es que... es... mi primera vez...
Él volvió a tomar sus labios, aumentando ligeramente la presión, y de pronto sus dedos se cerraron entorno a la cálida circunferencia, engulléndola, y un gemido involuntario salió de la garganta de Miley.
El propio Nick se había quedado sin aliento ante aquel sonido.
—Magia —murmuró, mirándola a los ojos—. Lo que nos sucede cuando estamos juntos es magia, como las flores que se abren con el calor del sol...
............................................................................................................................ VOY A SUBIR 2 CAPIS DE CADA NOVE ESPERO OS GUSTEN ;)

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