lunes, 22 de octubre de 2012

Irresistibly Charming cap.6





Nick Jonas al habla –contestó.
Miley se irguió al oír aquella voz tan viril.
–Nick, soy Miley, Miley Cyrus.
–¡Miley! –exclamó sorprendido.
Se oía ruido de fondo, gente hablando y riendo. Si no estaba equivocada, seguía en el bar Ópera.
Miley decidió ir al grano. No le gustaba dar rodeos.
–¿Sigue en pie tu oferta?
–Por supuesto.
–Gracias a Dios.
–Eso no suena bien. ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?
–Mi tía, ella ha tenido la culpa.
–¿Cómo? Creo que me he perdido algo.
–Te lo contaré mañana por el camino.
–¿Por el camino adónde?
–¿No te lo dije? Mi abuela vive en Hunter Valley, al igual que el resto de mi familia. Creí que te lo había contado.
–Seguramente lo hiciste. Recuerdo que me hablaste del hospital John Hunter.
–Sí, bueno, ese hospital no está tan cerca de Hunter Valley. Sospecho que no conoces la zona de Newcastle, ¿me equivoco?
–No, nunca he estado por allí.
–No está tan lejos. Hay que tomar la autopista hacia el norte y seguir las indicaciones hacia los viñedos.
Suelo tardar unas dos horas desde que salgo de casa, siempre y cuando no sea hora punta.
–¿Dónde está tu casa?
–En Manly. ¿Tienes un buen coche?
–Vaya pregunta extraña, pero la respuesta es que sí. Veo que quieres impresionar.
–No lo sabes bien –dijo Miley con tanta pasión que lo hizo reír.
–En ese caso te diré que tengo un bonito BMW descapotable. ¿Te parece bien?
–Perfecto. Una cosa más: mi tía quiere que pasemos allí la noche y no he podido decirle que no. Pero no te preocupes, no tendremos que compartir habitación. Mi abuela nunca lo permitiría.
Aunque de repente, cayó en la cuenta de que ya no era la casa de su abuela.
Su tía no permitiría que compartieran habitación, ¿verdad? Quizá…
Lo mejor sería no decir nada por si acaso Nick decidía cambiar de opinión.
–Dame tu dirección. ¿A qué hora quieres que te recoja mañana?
–¿Cómo?
–Miley, tracemos un plan.
–Lo siento –dijo y le dio los detalles que le pedía.
–¿Qué ropa tengo que llevar? Tengo la sensación de que tu familia tiene dinero, ¿estoy en lo cierto?
–No les va mal, pero no son ricos. Aun así, mi tía se tiene por la perfecta anfitriona, así que mañana organizará una cena con todo lujo de detalles. Pero no tienes que llevar traje ni nada por el estilo.
–¿A qué clase de lugar vamos?
–Hace unos años era un criadero de caballos, con cientos de hectáreas de tierras para pastar. Pero cuando las carreras de caballos perdieron interés, mi abuelo vendió los caballos y se dedicó al ganado.
Después de que muriera, mi tío vendió la mayor parte del terreno a un constructor y se quedó con unas cuantas vacas. Hoy en día es una pequeña granja.
–Nunca he estado en una granja.
–No te has perdido nada.
–Deduzco que no te gusta el campo.
–No te equivocas. Hay algo más que deberías saber.
–Dispara.
–Mi primo Shane es un fanático del fútbol y seguro que estará en la cena familiar de mañana. Sabe que fuiste portero y está deseando conocerte. ¿Te parece bien?
–No me importa en absoluto.
–Es lo que me imaginaba, pero prefería preguntarte antes.
–Muchas gracias, Miley, eres muy considerada.
–El considerado eres tú. Te agradezco mucho que hagas esto.
–Es un placer. Lo cierto es que me apetece.
–No sé por qué. Yo estoy aterrada.
–Sí, adivino la tensión en tu voz. Escucha, no me hagas esperar hasta mañana para saber qué fue lo que te dijo tu tía que te hizo cambiar de opinión. Cuéntamelo ahora o no dormiré en toda la noche. No es solo porque se haya enterado de mi pasado como portero de fútbol, ¿verdad?
–No, no es eso, es algo que dijo sobre mí.
–¿Qué te dijo?
Miley le contó la conversación con su tía, incluyendo el comentario de que Nick debía de ser un anciano por haberse fijado en ella.
–¿Puedes creer que ha tenido la desfachatez de decirme que me pusiera un vestido en la cena de mañana?
–Increíble.
–Te estás burlando de mí.
–En absoluto –replicó él– . Creo que tu tía ha sido muy descortés contigo.
Se detuvo, consciente de que sus palabras no sonaban muy convincentes y Miley recordó su comentario sobre su aspecto.
–Te diré que tengo varios vestidos y también productos de maquillaje. Pero no me pongo nada de eso para trabajar ni para ir al campo los fines de semana.
–Pero este fin de semana lo harás, si de veras quieres impresionar a tu familia. El espectáculo no va solo conmigo, cariño, sino con los dos como pareja.
–¿Vas a llamarme así?
–¿Cómo?
–Cariño.
–No si no te gusta.
–No me gusta.
–Entonces, ¿cómo quieres que te llame?
–Miley.
–Muy bien, Miley. Y Miley…
–¿Qué?
–Intenta relajarte para mañana. Estás demasiado nerviosa.
–No puedo evitarlo. Odio tener que hacer esto.
–¿El qué? ¿Simular que estás enamorada de mí?
¿Por qué tenía que ser tan sincero?
–Supongo.
–Ya has estado enamorada antes, ¿verdad?
–Sí –confesó.
Dos veces, primero de Brad y luego de Mario. Había sido devastador descubrir que Brad era una rata egoísta e inmoral, pero había sido el falso encanto de Mario el que casi la había destrozado. Porque para entonces debería haber sido más precavida y haberse dado cuenta de sus mentiras.
Pero no había sido así.
–Entonces, compórtate conmigo como lo hacías con él –sugirió Nick.
–Nunca podría volver a hacerlo. Fue patético.
–¿Tan mal? Está bien, pero no te asustes si te rodeo con el brazo o te doy algún beso. Eso sí, sin lengua.
–Espero no hacerlo.
Él sonrió.
–Ya veo que mañana va a ser algo complicado, pero ¿qué demonios? Lo hacemos por tu abuela, ¿no?
Miley parpadeó. Se había olvidado de ella. Desde la llamada de su tía, no había dejado de pensar en su orgullo.
–Sí, claro –dijo sintiéndose avergonzada de sí misma–. ¿Nick?
–¿Qué?
–Puedes llamarme cariño si quieres.
–Mejor. Ahora, tenemos que buscarte un vestido. El rojo te sienta bien.
–No tengo ningún vestido rojo.
–¡Entonces cómprate uno! Tienes toda la mañana. Y también unos zapatos bonitos. Tengo que colgar ahora, Miley, alguien me
está llamando. Nos veremos mañana en tu casa a la una en punto.
Miley abrió la boca para protestar, pero él ya había colgado.
«Dios mío, ¿qué he hecho?».
Tenía razón. Cualquiera que fuera la novia de Nick, tenía que vestir de manera provocativa.
Desde que rompiera con Mario no se había vestido sexy, de lo cual hacía ya varios años. Para empezar, no sabía dónde buscar para encontrar un vestido rojo.
Pero Demi sí lo sabría. Le gustaba mucho la moda.
Miley hizo una mueca. Si le pedía ayuda a Demi, eso supondría tenerle que contar lo que iba a hacer el fin de semana y con quién. Eso significaría también tenerle que contar lo que le había dicho a su abuela mientras había estado en coma.
Demi se molestaría porque no se lo hubiera dicho antes. Las dos amigas se lo contaban todo desde que se conocieran en el internado. Iba a ser duro confesarle que se había guardado un secreto, pero tenía que hacerlo.


The Far Future cap.6




Demi suspiró…
Jamás hubiera esperado encontrárselo así, en la cama, con un bebé en brazos. Cerró los ojos y apretó los párpados, tratando de borrar el recuerdo…
Años atrás, una escena así se había dado una y otra vez en sus fantasías. Viejas esperanzas y sueños la asediaron de golpe, resucitadas por esa visión tan inesperada. El dolor también volvió…
–¡Basta! –se dijo a sí misma en voz alta y apretó los párpados.
Joe Jonas parecía estar grabado con fuego sobre ellos. Abrió los ojos de nuevo y se encontró cara a cara con Baz.
–¡Oh! –lo recogió y lo puso sobre el suelo suavemente.
Se incorporó y se frotó los ojos. No sirvió de mucho. Nada servía de nada.
Siempre había sido así con él. Lo recordaba todo como si hubiera ocurrido el día anterior, aquella tarde en que le había visto por la calle, caminando hacia ella.
Venía de la tienda de ultramarinos, con las manos llenas de bolsas, deseosa de llegar a la casa de la abuela. Pero al ver a aquel hombre increíble, había aflojado el paso, como si las bolsas no le pesaran nada. Quería verle bien…
Y él había aminorado el paso también, como si también hubiera sido víctima de ese flechazo. Si una orquesta hubiera salido del suelo y se hubiera puesto a tocar Some Enchanted Evening, Demi no se hubiera sorprendido en absoluto. Ni siquiera era por la tarde, pero entonces pensaba que el destino se merecía ciertas licencias poéticas. Y tampoco le faltaba imaginación. Antes de que llegara hasta ella, se lo había imaginado deteniéndose, sonriendo… Hablarían y, nada más descubrir que eran almas gemelas, él la invitaría a salir. Y entonces se iban a enamorar… Se casarían, tendrían tres hijos, un golden retriever, y vivirían felices por siempre jamás en la isla de Balboa. El problema era que había
ocurrido; la primera parte, por lo menos. Él había sonreído, se había presentado…
Iba a ver a su abuela, estaba interesado en comprarle la casa. La había invitado a salir. Una vez, dos veces, media docena de veces… Habían congeniado al instante. Todo había sucedido exactamente como debía ser. Había comprado la casa de la abuela. Todo era perfecto. Incluso el sexo era maravilloso. Demi sabía que había conocido al hombre con el que iba a pasar el resto de su vida… Y
entonces… Todo se había roto en mil pedazos.
Al final resultó que la vida no era una serie de momentos musicales. La vida era descubrir que Joe era un egoísta empedernido, alérgico al compromiso verdadero, que la dejaba sola cada vez que viajaba a Singapur, o a Finlandia, o a Dar es Salaam. La vida era recibir un correo electrónico en el que le decía que había decidido pasar una semana en la playa en Goa y seguir hacia Nueva Zelanda. Y después, por supuesto, estaba Misty. Esa chica jamás había conocido a un hombre mínimamente apuesto al que no deseara. Y esa atracción se veía incrementada si el hombre en particular tenía algo que ver con ella. Lo que jamás hubiera podido imaginar era que Joe fuera a seguirle el juego. Pero no había lugar a dudas. La había visto en sus brazos en la playa, sentada frente a él en una
mesa íntima en Swaney’s Bar, o saliendo de su casa a las siete de la mañana.
Una vez le había preguntado qué significaba Misty para él, y qué significaba ella…
«¿Qué significas para mí?…», había repetido él, como si nunca se le
hubiera ocurrido pensar en ello antes.
«¿Qué es lo que quieres significar?», le había preguntado a continuación.
Y en ese momento Demi se había dado cuenta de que no podía echarse atrás. Era demasiado importante.
«Quiero amor. Quiero casarme. Quiero una familia», le había dicho y él se había quedado blanco como la leche.
Esa era toda la respuesta que necesitaba. Misty podía quedárselo todo para ella.
–No me acosté con Misty –le había dicho él–. Vino a recoger sus gafas. Las dejó aquí ayer y quería tenerlas antes de irse al trabajo.
Demi había albergado una pizca de esperanza, pero…
–Y no me quiero casar con Misty – Joe hizo una mueca al pensar en
ello–. No me quiero casar con nadie. No quiero casarme –sacudió la cabeza–. No en esta vida.
La forma en que sacudió la cabeza y la mirada sincera de sus ojos
hablaban por sí solas. Demi no necesitaba que se lo dijeran más claro. Sintió un peso muerto en el estómago, pero consiguió decir:
–Gracias –dio media vuelta y se marchó.
–No estás enfadada, ¿no? –le dijo Joe.
Pero ella no se dio la vuelta.
–Claro que no –mortificada, humillada, siguió adelante.
–Bien. ¿Quieres que pidamos una pizza luego?
No… Le había dicho que no. Todavía podía recordar la furia y la humillación que la había recorrido una y otra vez, como las olas en un mar embravecido. Le había hablado de hijos, de una familia, y él le había preguntado si quería que pidieran una pizza.
Adiós a los castillos en el aire, al amor eterno, a los sueños más
disparatados. Adiós a Joe Jonas. Poco más de tres meses más tarde, Demi aceptó un trabajo en una biblioteca de San Francisco. A la abuela no le hizo mucha gracia, pero Demi se mantuvo firme. Poner cientos de kilómetros de distancia era lo mejor, la única opción sensata para no pensar en ese hombre que no tenía interés verdadero en ella. Su estupidez seguiría siendo un secreto, solo
suyo, y de nadie más. Y había tenido mucho cuidado desde entonces. Él no había dejado de ser guapo, ni irresistible. Y aunque estuviera comprometida, con un hombre que deseaba las mismas cosas que ella, cada vez que veía a Joe Jonas la estúpida letra de aquella canción empezaba a sonar en su cabeza como un disco rayado. Con solo verlo esa noche, dormido en la cama de la abuela, con Harry sobre el pecho, el corazón le había dado un vuelco. Aquellas viejas fantasías de cuento de hada no habían desaparecido, después de todo.
Furiosa, Demi se dio la vuelta con tanto ímpetu sobre el sofá, que terminó aterrizando en el suelo.
–¡Oh, Dios! –haciendo una mueca, trató de ponerse en pie haciendo el menor ruido posible y se quedó quieta, conteniendo la respiración.

Harry podía echarse a llorar en cualquier momento, o algo peor… Joe podía aparecer en la puerta y preguntarle qué demonios estaba haciendo. Pasó un minuto, dos… Siguió quieta. Al otro lado de la pared, se oyó un gemido, pero no se oyeron pasos. Respiró de nuevo. Rodó sobre sí misma con cuidado y cambió de lado. Los gemidos se hacían cada vez más fuertes, no obstante. Harry estaba empezando a llorar. La puerta del dormitorio se abrió. Yiannis salió rápidamente y cerró la puerta detrás de él. El llanto continuó. ¿Acaso iba a irse así sin más y dejarla sola con un bebé que lloraba? No encendió la luz. Atravesó el salón con sigilo, sin siquiera mirarla. Conteniendo la respiración, Demi esperó. Casi esperaba que abriera la puerta de la calle y se marchara. Pero en vez de hacer tal cosa, Joe abrió la nevera. Con la luz de la misma, Demi pudo ver su perfil, el pelo alborotado que le caía sobre la frente, su torso musculoso, sus piernas bien formadas y fuertes… Sacó un biberón, cerró la puerta del frigorífico y abrió el grifo de la cocina. Demi levantó la cabeza lo justo para ver por encima del reposabrazos del sofá. Sabía que debía cerrar los ojos. Estaba prometida. Tenía un futuro, y no incluía a Joe Jonas.


The Last Nigh Cap.1






EL ECO DE TEXAS
Todas las noticias que debes conocer… ¡y mucho más!
¿Recuerdan cuando el gran magnate texano Kevin
Novak estaba felizmente casado, hace cuatro años? Tampoco
hemos podido olvidar la avalancha de rumores que
se levantó cuando su esposa decidió abandonar al guapo
millonario. Todo el mundo empezó a hacer apuestas sobre
quién sería la próxima señora Novak.
Aunque esa opción nunca ha existido. Los Novak no
llegaron a divorciarse. ¿Acaso el poderoso miembro del
Club de Ganaderos de Texas se negaba a disolver su matrimonio?
¿O tal vez siempre ha tenido otra cosa en mente?
¡La cosa está que arde, pues su esposa finalmente ha
regresado!


Danielle apagó las luces de la clase y se quedó parada en medio de Luces de Baile, flanqueada por una pared de espejos que ella misma había elegido cuando había diseñado la escuela. Sonrió al escuchar la canción de Elton John que sonaba por los altavoces. La melodía le hizo recordar y cerró los ojos. Movió las caderas, meciéndose al ritmo de su poética letra.
La calma sigue a las prisas del día Cuando el ajetreo del mundo se apaga Un momento encantado me envuelve Es hora de que este guerrero inquieto esté contigo Y esta noche puedes sentir el amor
Está donde tú estás Este vagabundo asombrado Ya ha llegado lo bastante lejos Y esta noche puedes sentir el amor
–¿Puedes sentir el amor, Danielle? –le había preguntado
Kevin el día en que se habían casado.
Kevin se había llevado la mano de ella a la boca y la había besado, sin dejar de mirarla a los ojos.
Danielle había temblado de excitación ante ese solo gesto. Ella había sentido su amor en cada mirada, en cada caricia y cada uno de sus seductores besos.
–Sí, lo siento, cariño –había respondido.
Él la había besado en los labios.
–Ésta es nuestra canción, pequeña –había susurrado
él.
Abrazados el uno al otro, había cantado la letra al mismo tiempo que Elton John, meciéndose con la música mientras sus amigos y familiares los miraban.
Ella había creído que se casaba con su príncipe encantado. Kevin había sido su amor de la universidad, un hombre capaz de hacerle reír y llenarle de excitación al momento siguiente.
A Danielle se le encogió el corazón al revivir el día de su boda. Recordó cómo había estado entre los brazos de Kevin, amándolo con toda su alma y soñando con el mismo futuro feliz que ella les había deseado a muchas de sus estudiantes de baile a lo largo de los años.
Había puesto todas sus ilusiones en aquel enlace.
–¿Por qué, Kevin? –susurró Danielle, parada en medio de la silenciosa escuela de baile.
Al principio de su matrimonio, lo habían pasado muy bien, hasta que Kevin había decidido que construir un imperio inmobiliario era más importante que apostar por su relación. Se había convertido
en un adicto al trabajo, siempre posponiendo las necesidades de su esposa a causa de algún buen negocio en ciernes. A ella le había roto el corazón y, al escuchar la canción de Elton John, volvió a revivir aquellos sentimientos. La felicidad con la que había soñado se les había escapado de los dedos, pensó, sintiendo el estómago encogido.
Danielle había seguido con su vida, se había mudado de Somerset y había empezado una nueva vida en Dallas, pero no había sido capaz de dejar atrás el hondo dolor que Kevin le había causado.
Sumida en sus pensamientos, abrió los ojos de golpe y se quedó mirando las sombras que se reflejaban en el espejo. Su silueta era la de una mujer nueva y segura de sí misma. Se había convertido
en empresaria, propietaria de una cadena de escuelas de baile, además de ser profesora de baile y coreógrafa.
Sin embargo, había dejado de ser la joven optimista y llena de esperanza que había soñado con vivir y tener hijos con Kevin. Ya era hora de que dejara atrás aquellas vanas ilusiones, se dijo.
Apagó el equipo de música de mal humor y se dirigió hacia el teléfono para llamar al hombre con quien no había hablado desde hacía unos cuatro años. Llevaba demasiado tiempo evitándolo y
debía enfrentarse a ello.
Era hora de divorciarse de su marido.


Kevin Novak frotó su palo de billar contra la tiza con movimientos lentos, mientras consideraba su siguiente tiro. Era uno de los mejores jugadores de billar del Club de Ganaderos de Texas, pero su amigo Nick Franklin le estaba poniendo la victoria muy difícil.
–Tú sabes muy bien que Montoya es el responsable del incendio.
Kevin se inclinó sobre la antigua mesa de billar de roble y disparó su tiro, colando la bola naranja en el agujero de una esquina. Él sabía bien que Nick no creía que Jake Montoya fuera responsable
del incendio provocado que se había desatado en Petróleos Brody. Sin embargo, no titubeó en utilizar el tema como distracción para ganar.
–No estoy tan seguro de eso, Kev. El incendio fue provocado, sin duda, pero aún no están claros los culpables.
–Montoya siempre ha sido como un dolor de muelas.
Kevin falló el siguiente tiro y Nick levantó su palo de billar, escrutando la mesa de juego.
–Es verdad. Pero aún no estoy convencido de que haya sido capaz de provocar el incendio. Parece que fue un trabajo profesional y, si ése es el caso, él quedaría descartado.
–Te digo que es culpable –insistió Joe Brody,
otro de los viejos amigos de Kevin y antiguo compañero de la Universidad de Texas.
Los cuatro mejores amigos de Kevin eran todos miembros del Club de Ganaderos de Texas del condado de Maverick. Se habían reunido para jugar, tomar algo y conspirar en la sala de billar del
club.
–Pienso lo mismo que Joe –dijo Zac Brody,
de acuerdo con su hermano–. Montoya es un tipo de cuidado.
Justin Dupree asintió, tomando un trago de cerveza.
–Yo también creo que Montoya es culpable. Tiene muchos problemas con Joe. Siempre ha sido así.
–Yo tengo problemas con él –señaló Joe con tono de mofa. Su rivalidad se remontaba a los tiempos del instituto.
Nick apuntó a la bola azul rayada y tiró. La bola rodó hasta uno de los agujeros y Kevin hizo una mueca.
–Buen tiro.
Nick rió.
–¿Te duele reconocerlo, verdad?
–Todavía no he perdido.
Y, cuando Nick falló el siguiente tiro, Kevin se esforzó al máximo, decidido a no dejarle ganar terreno.
Su naturaleza competitiva no le permitiría perder. Metió las siguientes cuatro bolas lisas y, al fin, la bola negra, ganando la partida.
Satisfecho, Kevin le estrechó la mano a su amigo.
–Ha sido una partida muy disputada –dijo Kevin.
Nick le chocó la palma de la mano.
–La próxima vez te venceré –dijo Nick y dejó el palo. Bajando la voz, preguntó–: ¿De veras crees que Montoya es el causante del fuego?
–Eso creo. Y también creo que está detrás del boicot a mi proyecto en el centro de Somerset.
Está decidido a fastidiar a los hermanos Brody y a sus amigos. No es una coincidencia que el área que yo había elegido para construir esté siendo declarada zona de interés histórico. Montoya debe
de estar detrás de todo. Es demasiado sospechoso.
Joe se acercó y pasó los brazos alrededor de los hombros de sus amigos.
–Vamos, vosotros dos. Olvidemos a Montoya un momento. Tenemos que fijar una fecha para mi fiesta de boda. Demi se merece algo más que la boda fugaz que celebramos en Las Vegas.
Kevin sonrió.
–Sí, tú sí que sabes cómo impresionar a una chica.
–Joe ha puesto toda la carne en el asador con ésta –intervino Justin.
–Muy graciosos –repuso Joe, frunciendo el ceño.
Sin embargo, Kevin sabía que a su amigo no le molestaban las bromas. Joe había encontrado a la mujer de su vida en Demi y quería ofrecerle una celebración de boda por todo lo alto.
Cuando sonó el teléfono de la sala de juegos, Joe se acercó para responder.
–¿Danielle? ¿Eres tú de veras? Me alegro de escucharte.
Kevin se quedó petrificado. Las cabezas de sus amigos se giraron hacia él, mirándolo con curiosidad.
Un mar de sentimientos contradictorios lo envolvió. Se quedó rígido, esperando, con la mandíbula tensa.
–De acuerdo, te lo paso. Está aquí mismo –dijo Joe, tendiéndole el teléfono–. Es… Danielle. Quiere hablar contigo.

como le prometii a Mari♥ aki esta el primer capi dedicado para ti preciosa y para mariina las quiero niñas!!♥


domingo, 21 de octubre de 2012

The Last Night ARGUMENTO




Tras esa semana, se plegaría a sus deseos


La palabra "fracaso" no aparecía en el diccionario de Kevin Novak, miembro del Club de Ganaderos de Texas. Nadie abandonaba al gran magnate texano… ¡y menos su esposa! Por eso, cuando Danielle decidió irse, cansada de que él siempre antepusiera el trabajo a su relación, Kevin tramó su venganza.Cuatro años después, ella regresó con la intención de poner fin a su matrimonio. Pero Danielle no tenía ni idea de que Kevin había ideado un plan para hacerle pagar por haberlo dejado. Sólo firmaría el divorcio si ella aceptaba pasar con él una semana. ¡Una semana en la que todo valía y cualquier cosa era posible!


niñas como me han amenazado les dejo el argumento jiji
pero como me gusta que Mari♥ me amenaze no la comenzare hasta mañana muajajajaja
con respecto a tus preguntas Mari es la ultima que tengo pensada suir de la serie los ganaderos de texas!!

White Lies EPILOGO





Tres semanas después
Miley salió al porche y miró a su alrededor. Era un día precioso y el aroma a flores poblaba el aire.
Sintió mariposas en el estómago cuando vio el coche entrar en el patio. Sonrió. Nick había llegado a casa.
Miró de nuevo a su alrededor, pensando lo fácil que era sentirse en su hogar en aquel hermoso rancho. No había regresado a su casa y, cada semana, había ido llevando más pertenencias a casa de él.
Y una noche, cuando habían estado ocupados sacando cosas de las cajas de ella, de repente Nick se había puesto de rodillas y le había pedido que se casara con él. Le había pedido que fuera su esposa, la madre de sus hijos y su mejor amiga para toda la vida.
Llorando de emoción, ella había aceptado de inmediato.
Cuando él le había puesto el anillo de compromiso en el dedo, ella había sentido todavía más amor y felicidad de los que había creído posibles. Aún no habían establecido una fecha y habían decidido hacer las cosas poco a poco.
Miley había conocido a los amigos de Nick y había podido comprobar lo especial que era su amistad. Le gustaban mucho. Esa noche, iban a quedar con Joe y Demi para cenar en el Club de Ganaderos.
En cuanto Nick paró el motor, Miley corrió escaleras abajo y, cuando él abrió la puerta del coche, allí lo estaba esperando.
Nick la tomó entre sus brazos y la besó, haciéndole sentir deseada y amada. Las cosas eran tan maravillosas entre ellos que, de vez en cuando, ella tenía que pellizcarse para comprobar que no fuera un sueño. Y una y otra vez, Nick le demostraba que era muy real.
Nick la apartó un momento para poder mirarla a la cara.
–¿Estás bien? –preguntó él, preocupado–. Me he pasado por el centro de acogida y Marcy me ha dicho que hoy has salido algo más temprano de lo habitual.
Miley sonrió.
–Sí, estoy bien. Pero quería estar en casa cuando tú llegaras. Había pensado mimarte un poco antes de salir a cenar.
Nick sonrió al escucharla. Sin duda, le gustó mucho la idea.
–¿Mimarme?
–Sí. ¿Te apetece?
En vez de responder, Nick la levantó en brazos y subió con ella las escaleras. «Sí», pensó Miley, «le apetecía».
Miley rió, sabiendo que, en cuanto entraran en casa, él iba a demostrarle lo mucho que le apetecía.


FIN

Holaaa Niñas aqui esta el Final de esta nove espero les haya gustado!!
se que ay algunas personitass que les gusta Kenielle y he pensado en iniciar una con el personaje de aki Kevin Novak que opinan?
comenten!!!! las amo!!!

White Lies FINAL





–¿Estás lista para salir?
Al oír su voz ronca y profunda, Miley levantó la vista del documento que había estado leyendo. Habían pasado casi tres semanas desde que había escuchado su voz en ese mismo despacho por primera vez después de siete años.
Después de que el señor Huntington se hubiera ido, Miley se había dirigido a la biblioteca en vez de a la cafetería. Allí, había buscado información de la sección del Club de Ganaderos de Texas localizada en Somerset. Nick aparecía en la lista de miembros y se había unido al club el mismo día que Kevin Novak y algunos hombres más. Por la foto, parecía que Nick y el señor Novak se conocían muy bien. ¿Por qué había fingido él lo contrario cuando ella le había hablado de su reunión con Kevin Novak? ¿Por qué le había ocultado deliberadamente su pertenencia al club?
En vez de responder a lo que Nick le había preguntado, Miley hizo su propia pregunta:
–¿Por qué no me dijiste que eras miembro del Club de Ganaderos?
Nick la miró sorprendido y ella adivinó que estaría preguntándose cómo lo había descubierto.
–El señor Huntington se pasó por aquí para ver el centro y mencionó que eras miembro del club –explicó ella, recostándose en su asiento–. Así que quiero saber por qué no me lo dijiste, Nick. Tuviste varias oportunidades de hacerlo cuando estaba preparando mi reunión con el señor Novak y también después de eso. ¿Por qué no me lo dijiste?

Nick deseó habérselo contado todo a Miley la noche anterior. ¿Cómo reaccionaría al descubrir que le había ocultado la información porque había trazado un plan para vengarse de ella?
Lo más probable era que, al explicárselo, desapareciera cualquier posibilidad de reconstruir su relación. Aun así, Nick tenía que ser honesto y enfrentarse a la verdad. Las mentiras eran lo que los había conducido donde estaban.
Nick suspiró, entró en el despacho y cerró la puerta tras él. Se recostó en la pared.
–La razón por la que no quería que lo supieras es porque seguía creyendo que te habías ido de Houston con un hombre rico. Un hombre al que habías preferido antes que a mí a causa de su riqueza. Con ese pensamiento en la cabeza y en el corazón durante tantos años, albergaba mucho resentimiento hacia ti, por haber elegido el dinero por encima del amor.
Miley no dijo nada y él prosiguió.
–Pensé que, si eso era cierto, cuando averiguaras que yo era rico y que había tenido éxito en la vida, podría vengarme de ti, seduciéndote, llevándote a la cama y dejándote después, de la misma manera en que tú me habías dejado a mí. Quería hacerte daño, como tú habías hecho conmigo.
Miley siguió callada un momento.
–¿Tanto me odiabas? –preguntó en voz baja.
Nick tomó aliento, percibiendo lo mucho que la había herido.
–Eso creía. Pero después de conocer a la nueva Miley Martindale, después de ver cómo estás dedicada a las mujeres del centro de acogida y cómo pasas largas horas trabajando después de que acabe tu turno, me di cuenta de que, por mucho que yo quisiera vengarme, no podría haberlo hecho. ¿Y sabes por qué, Miley?
–No tengo ni idea –repuso ella en tono cortante.
Nick la miró a los ojos.
–Porque me di cuenta de que, aunque lo he intentado a lo largo de los años, no he podido reemplazar el amor por odio. Aunque quería lastimarte, nunca podría porque sigo amándote.
Sus miradas se entrelazaron durante un momento. Nick se preguntó si ella lo creería. Esperó y rezó por que ella diera muestras de que así era. Había hecho mal al querer vengarse pero, en el pasado, había sentido que debía hacerlo, inducido por el dolor.
–Han pasado tanto años, Miley… Nos debemos a nosotros mismos intentar reconstruir la relación que echamos a perder por nuestra falta de confianza el uno en el otro. Hoy he ido a ver a Lucas a Houston. Quería saber por qué lo había hecho. Al saber que yo me había enamorado de ti, él había pensado que ibas a lastimarme. Pero la verdad es que salí perdiendo de todos modos. No por tu culpa, sino porque creí lo peor de ti.
Nick se apartó de la puerta y dio unos pasos hacia la mesa de ella.
–Te pido que me des la oportunidad de hacer lo que quería hacer siete años atrás: amarte como se supone que un hombre debe amar a una mujer. Por favor, Miley, déjame entrar en tu corazón. Dame la oportunidad de demostrarte que soy el hombre que necesitas.
Dio otro paso hacia ella.
–¿Podrías olvidar todo el dolor y las mentiras del pasado y tomar el camino que debíamos haber tomado hace años? ¿Podrías amarme tanto como te amo a ti? ¿Podrías esforzarte conmigo en reconstruir nuestra relación, basándola en el amor, la confianza y la fe?
Nick observó una lágrima que rodaba por la mejilla de Miley. Contuvo el aliento antes de que ella empezara a hablar.
–Sí –dijo ella despacio–. Puedo esforzarme en reconstruir nuestra relación porque yo también te amo y quiero que formes parte de mi vida. Quiero tener un futuro contigo, no a causa de tu riqueza, sino porque me has demostrado más de una vez que estás ahí cuando te necesito, que piensas siempre en mi bien y me proteges cuando necesito protección.
Miley se levantó de la silla y dio la vuelta a la mesa para acercarse a él.
–Tenemos muchos años por recuperar pero, desde la noche en que volvimos a dormir juntos, supe que era lo que quería. Aunque tenía miedo de albergar esperanzas respecto a ti.
Nick la tomó entre sus brazos y la abrazó con fuerza. Luego, inclinó la cabeza y la besó. Quería que Miley siempre estuviera a su lado y, por la intensidad del beso, ella parecía querer lo mismo.
Momentos después, Nick apartó sus labios.
–¿Lista para ir a casa, tesoro?
Miley le sonrió.
–Sí, estoy lista.
Nick le dio la mano y salieron juntos del despacho. Él sabía que había mucho trabajo por hacer, hasta reconstruir su relación del modo que ambos querían y merecían. Las mentiras la habían destruido en una ocasión, pero el amor podía restaurarla. Su amor lo haría posible.
Los dos se asegurarían de ello. Juntos.



White Lies cap.27




Nick estaba tan furioso cuando vio a Lucas caminando hacia él que tuvo ganas de golpearlo. Pero se esforzó para contener su rabia. Lo único que quería del hombre que tenía delante era una explicación por lo que había hecho.
Sin decirle a Lucas por qué, lo había llamado y le había pedido encontrarse con él en Laverne Square, una zona nueva de Houston, cerca del parque Madaris Office.
Nick se levantó del banco donde estaba sentado al ver la mirada de curiosidad de Lucas.
–Nick, ¿no te llegó el mensaje que te mandé diciéndote que el tipo que querías que investigara está limpio? Te lo dejé en el buzón de voz la semana pasada.
–No es por eso por lo que quería hablar contigo –repuso Darius, intentando ocultar su amargura.
 Lucas arqueó las cejas.
–Ah. ¿Entonces, qué pasa?
Nick lo miró a los ojos.
–Estoy aquí por la mentira que me contaste sobre Miley Martindale.
Lucas le sostuvo la mirada durante un instante antes de apartar la vista para mirar a una fuente. Se quedó callado un momento y Nick se preguntó si iba a responder. Entonces, Lucas volvió a mirarlo.
–Tenía un pasado horrible con ese novio loco suyo. Sólo te iba a causar problemas. No te convenía.
Nick se puso tenso al escuchar sus palabras. Era como si Lucas creyera que tenía derecho a tomar aquella decisión por él.
–Te equivocaste, Lucas. Ella no me iba a causar problemas y tú sabías lo que sentía por ella. No sólo me convenía, sino que la amaba.
–Tienes mucho que aprender de las mujeres, Nick. No puedes enamorarte así de ninguna, ni admitir que la amas.
Nick lo miró fijamente un momento.
–La verdad es que hay mucho que tú tienes que aprender sobre ellas –replicó Nick en tono cortante–. Y reconocer a una mujer buena está al principio de la lista.
Lucas lo miró frunciendo el ceño.
–No hay mujeres buenas.
Lucas tenía problemas psicológicos graves, pero Nick pensó que no eran asunto suyo. En lo que a él respectaba, lo que Lucas le había hecho era imperdonable. Cuando pensaba en todos los años que había perdido, pudiendo estar con Miley, años en los que había repudiado hasta su nombre… sintió ganas de matar a Lucas. Tanto sufrimiento por nada. Sólo por sus mentiras.
Asqueado y sin nada más que decir, Nick se giró para irse.
–Eh, hombre, espera, somos amigos, ¿verdad? ¿No te has enfadado, no? –preguntó Lucas de buen humor.
Nick dejó de andar y miró por encima del hombro. Sus miradas se encontraron. Lucas recibió la respuesta a su pregunta sin necesidad de palabras.
Sin embargo, Nick quiso asegurarse de que lo comprendiera.
–No. Nuestra amistad murió el mismo día en que me mentiste. Yo la amaba pero, como pensé que eras mi amigo, te creí. Un amigo de verdad no habría hecho lo que tú hiciste.
Sin decir más, Nick se alejó.

Miley estaba a punto de irse a la cafetería cuando vio que uno de los guardas de seguridad escoltaba a un hombre mayor, muy elegante, hacia la entrada del centro. No hacía falta ser muy lista para darse cuenta, por la forma en que el hombre caminaba, de que se trataba de alguien poderoso, alguien importante, lo que significaba que sólo podía ser un miembro del Club de Ganaderos de Texas. Kevin Novak le había advertido de que, durante los próximos meses, era probable que algún miembro del club se pasara por allí para ver cómo iba el centro, ya que les había pedido más dinero para hacer ampliaciones.
Esbozando la más amplia de sus sonrisas, Miley se acercó a la entrada para saludarlo.
–Bienvenido a Helping Hands –dijo ella, tendiéndole la mano–. Soy Miley Martindale, la trabajadora social.
El hombre le estrechó la mano y la miró.
–Así que tú eres la jovencita que está causando tanto revuelo…
Miley se esforzó por no dejar de sonreír cuando reconoció su voz. Él era con quien había hablado por teléfono cuando había llamado pidiendo más guardas de seguridad.
–¿Revuelo? –preguntó, sin poder evitarlo y sin gustarle la forma en que aquel hombre la miraba por encima del hombro.
–Sí. Yo soy Sebastian Huntington, miembro del Club de Ganaderos de Texas.
–Encantada de conocerlo, señor Huntington.
Él no respondió que el placer fuera mutuo. En vez de eso, miró a su alrededor.
–Las cosas parecen muy tranquilas por aquí. No entiendo por qué hacen falta dos guardas. Pero parece ser que has logrado convencer a Kevin Novak de lo contrario.
Miley estuvo a punto de decir que la razón por la que las cosas parecían tranquilas era que todo el mundo se sentía más seguro con dos guardas, pero no le dio tiempo.
El hombre volvió a mirarla por encima del hombro y se le adelantó.
–Y a ese Nick Franklin, que es obvio que está encaprichado contigo. También él ha estado hablando mucho de tus virtudes en las reuniones del club –comentó Huntington y, con gesto burlón, escrutó el rostro de ella–. Ahora entiendo por qué.
Miley se mostró sorprendida.
–¿Nick?
–Sí. Es uno de nuestros miembros más recientes.
¿Nick era miembro del club?, se preguntó Miley, confundida.
–¿Desde cuándo es miembro?
El hombre frunció el ceño, mirándola como si hubiera hecho una pregunta estúpida.
–No lo suficiente como para que sus amigos y él puedan creerse importantes. Sólo lleva un año en el club.
Miley asintió.
–Ah, entiendo.
Y lo más triste era lo que entendía. Nick la había mentido.



White Lies cap.26


Mientras iban de camino al centro de acogida a la mañana siguiente, Nick recibió una llamada.
–Nick al habla.
Durante unos segundos, escuchó con atención lo que le decían.
–Es una buena noticia y te agradezco que me llames para informarme. Le comunicaré la información a la señorita Martindale.
Nick colgó y miró a Miley.
–Era un Ranger de Texas que es amigo mío. Me llamaba para decirme que han capturado a Liam esta mañana.
Miley mostró expresión de alivio.
–¿Dónde?
Se habían detenido en un semáforo y Nick la miró.
–A una manzana de tu casa –respondió él.
Nick odiaba contarle el resto de la información, pero tuvo que hacerlo.
–Liam llevaba una pistola y una cuerda.
Miley se puso rígida y Nick comprendió por qué. Era muy probable que Liam hubiera descubierto dónde vivía y existían muchas posibilidades de que no hubiera planeado utilizar la información para hacer nada bueno. Teniendo en cuenta que había violado la libertad condicional, tendría que regresar a prisión y cumplir toda la sentencia.
Miley no dijo nada y se quedó mirando al frente, a través del parabrisas.
–¿Estás bien? –preguntó él.
Miley giró la cabeza para mirarlo.
–Sí, estoy bien.
Igual ella estaba bien, pero Nick, no. ¿Cómo podía haber estado tan equivocado respecto a Miley? Estaba deseando enfrentarse a Lucas por todas las mentiras que le había dicho.
–Tengo que ocuparme de algo esta mañana y no volveré a tiempo para comer contigo.
–Bien.
Miley no parecía estar de humor para hablar y él supuso que necesitaría tiempo para digerir lo que le había contado de Liam.
–Como Liam está en comisaría, no hay razón para que no pueda volver a mi casa, ¿verdad? –preguntó ella.
«La única razón que hay es que no quiero que te vayas. Me he acostumbrado a tenerte cerca. Me he enamorado de ti de nuevo», pensó Nick.
–No, no hay razón –respondió, sin embargo.
Nick respiró hondo y, en ese instante, supo que no podía seguir negando lo que había sabido desde el principio: la amaba. Nunca había dejado de amarla.
Y, durante todo ese tiempo, había intentado convencerse de que quería vengarse de ella, cuando sabía que, a la hora de la verdad, no podría haber ejecutado su plan por mucho que hubiera querido lastimarla.
Desde el momento en que Miley lo había mirado, había caído rendido a sus pies. A pesar de que, a lo largo de los años se había intentado convencer de que la había olvidado, la verdad era que no había sido así. Aceptar lo mucho que la amaba era un alivio enorme.
Al fin, podía admitir lo que sentía. Toda la tensión y la rabia que había sentido desde que había vuelto a verla desaparecieron de su corazón. Su alma estaba llena de gozo y él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa que fuera necesaria para que Miley volviera a ser suya.

Pocas horas después, a la hora de comer, Miley se puso las zapatillas de deporte para ir caminando a la cafetería, mientras pensaba que era la primera vez en mucho tiempo que recorría ese camino sin Nick a su lado.
Respiró hondo, aliviada, al pensar que había terminado lo que podría haber sido otra terrible pesadilla con Liam. Sintió un escalofrío al pensar en los artículos que Liam había tenido en su posesión. No tenía ninguna duda de que había pretendido lastimarla y le estaba muy agradecida a Liam por haberla mantenido a salvo.
Nick. El hombre al que amaba.
Miley se preguntó si habría sonado convincente cuando le había dicho que no quería ningún hombre en su vida. En parte, deseaba ser suya por completo, pero temía alimentar vanas esperanzas de nuevo. Incluso después de conocer la verdad, eso no bastaba para borrar el dolor que había sentido durante tantos años.
Además,  Nick no había dicho nada para darle a entender que quisiera retomar lo que habían compartido en el pasado. Cuando ella había hablado de volver a su casa, ya que la amenaza de Liam había terminado, él no había intentado convencerla de lo contrario, ni le había dicho que no quería que se fuera.
Nick se había disculpado por haber creído las mentiras que Lucas le había contado. Y ella se había disculpado también por lo mismo. Más tarde, habían hecho el amor pero no se habían hecho ninguna promesa. No habían hablado del futuro. Y, aunque él no lo había dicho, ella tenía la intuición de que no quería comprometerse con ninguna mujer.
Eso significaba que lo único a lo que Miley podía aspirar era a la misma vida que había tenido hasta entonces. La clase de vida a la que se había acostumbrado. Algo solitaria, pero segura. Seguiría viviendo sin el hombre al que amaba.


miércoles, 17 de octubre de 2012

Summer Hot Cap.4



El sol iluminaba a medias la cabaña, manteniéndola entreclaros y sombras. Las hojas de los robles, los pájaros surcando el cielo, las ardillas subiendo y bajando por las altas ramas, el sonido lejano de algún animal escarbando en el suelo cubierto de hojarasca y musgo y el relincho de Negro componían la única música que le gustaba escuchar al hombre que, sentado en el porche, se mecía lánguidamente sobre la mecedora.
Cálidos rayos de sol ascendían por sus piernas deteniéndose al llegar a la cintura y dejando la parte superior de su cuerpo en penumbra.
Su postura indolente reflejaba aburrimiento. La pierna izquierda colgando del reposa brazos; el pie derecho apoyado descalzo en el suelo, dando vida a la danza de la mecedora; sus manos reposando en aparente tranquilidad sobre los muslos, cubiertos por unos viejos vaqueros.
Si las sombras hubieran permitido que la luz entrara por completo en el porche, ésta iluminaría su semblante duro y pensativo. El aparente relax que denotaba su postura, no en más que la calma antes de la tormenta. Ocultos entre las sombras, sus ojos vigilantes y su mente afilada no paraban de darle vueltas a la misma idea una y otra vez.
Esa tarde se cumplía una semana.
Una semana desde que la volvió a ver.
Una semana desde que volvió a respirar su aroma.
Una semana desde que recorrió con sus dedos la suavidad de su piel.
Una semana desde que los impregnó en su esencia.
Una semana muriendo por tocarla de nuevo, por sentirla entre sus manos, por saborearla.
Una semana sabiendo que el sueño se había esfumado en el aire.
Apretó los labios, enfadado consigo mismo. Los sueños, sueños son. No merecía la pena esperar de ellos nada más que unas cuantas erecciones matutinas.
Dejó de impulsarse con el pie y observó el claro que él mismo había desbrozado de árboles. El semental negro correteaba inquieto en el cercado, intuyendo el estado de ánimo de su dueño, nervioso sin saber bien por qué. La yegua alazana, fiel a su carácter tranquilo e impasible, pastaba indiferente a todo lo que no fuera espantar las moscas con la cola.
El corcel negro se acercó hasta el extremo de la cerca más próximo a la cabaña y lanzó un potente relincho.
—No pierdas el tiempo, Negro, aprovecha que Roja está en celo y tíratela antes de que se esfume el sueño —gritó enfadado. El animal le respondió con un bufido. El hombre sonrió enseñando sus blancos dientes—. No, Negro. No va a volver —aseveró.
Cerró los ojos, recordando.
Le había sorprendido encontrar a Miley observando a los caballos. Tanto que, sin pensar lo que hacía, se dejó llevar por la necesidad de sentir el calor femenino contra su piel. Cuando la sintió sobresaltarse e intentar alejarse de él, todos sus instintos le ordenaron que se lo impidiera; por eso la sujetó con su cuerpo y sus manos. Después, sin saber bien por qué, decidió reírse un poco de su mojigatería y hacerla ruborizar con el relato detallado del apareamiento de los corceles. Y fue en ese preciso instante cuando su mundo se tornó patas arriba. Ella no sólo no se había espantado, sino que se había excitado. Pudo olerlo, sentir los temblores del cuerpo de María pegado al suyo, ver la vena latir en su cuello.
Nunca, ni en sus sueños más salvajes, habría imaginado a Miley reaccionando así. Sin miedo, con curiosidad, mostrándole su sexualidad sin ruborizarse. En ese momento perdió el control. Dejé de ser el hombre que trataba de ser y se convirtió en el que realmente era.
Se movió inquieto sobre la mecedora. Su pene había cobrado vida. Los botones del vaquero le molestaban, la tela le aprisionaba la tremenda erección.
—Qué más da —murmuró—, estoy solo. Ella no va a volver, pero tengo el recuerdo y lo pienso disfrutar.
Se desabotonó los pantalones y, sin molestarse en bajárselos por las caderas, se sacó el pene erecto e hinchado. Tanto que casi dolía. Lo acarició lentamente, intentando hacer durar la sensación, y cerró los ojos.
Sus dedos recorrieron toda la longitud y se detuvieran en el glande. Jugueteó con la abertura de la uretra, recogiendo la humedad que brotaba de ella y deslizándola por toda la corona; la mano izquierda se coló por debajo de la tela hasta que encontró los testículos, los acogió cuidadosamente en la palma y los sacó de la prisión del vaquero.
Era una estampa impresionante. Un hombre alto, fibroso, vestido sólo con unos pantalones derrumbado sobre una mecedora de roble hecha a mano. Sus enormes y morenas manos recorriendo con lentitud la tremenda erección que asomaba entre la tela vaquera.
Echó la cabeza hacia atrás y soltó un gruñido. En su mente la veía a ella morderse los labios cuando la penetraba con los dedos, la sentía temblar contra su pecho al llegar al orgasmo, notaba sus senos cálidos, sus pezones enderezándose entre los dedos.
Sus manos aceleraron las caricias y comenzó a imaginar. Miley de pie, frente a él, cerrando los ojos ante su beso, con las mejillas sonrosadas por el roce de su barba. Su lengua recorriendo la suave y pálida clavícula, lamiéndole el cuello hasta llegar a sus labios, deslizándose sobre la comisura de su boca, absorbiéndola hasta que ella exhalaba un gemido. La lengua colándose en su interior, recorriendo sus dientes blancos como perlas, bebiéndose sus jadeos. Los cuerpos de ambos tan pegados que ni un pétalo cabría entre ellos. Las blancas manos de Miley, sus dedos de pianista, largos y delgados acogiendo su erección, acariciándola...
Las nalgas se le despegaron del asiento de madera. Todo su cuerpo en tensión, los labios apretados, las fosas nasales inhalando aire con demasiada rapidez como para llamarlo respiración.
—No vas a volver —aseveró—, pero te tengo presa en mis sueños —afirmó sintiendo cómo el clímax se acercaba. Un fuerte relincho cortó los sonidos del monte. Abrió los ojos y sus manos detuvieron los movimientos espasmódicos. Todo su cuerpo gritó de dolor al verse privado de la culminación.
Miley estaba de pie sobre el camino de cemento. Al borde del claro. A unos sesenta metros de la cabaña. De él.
Su mirada fija en él volaba desde los pies descalzos hasta las manos inmóviles sobre el pene erecto, escrutaba las sombras que le ocultaban el torso y la cara.
El hombre ignoró el dolor punzante de sus testículos, ignoró los relinchos del semental negro, ignoró al mundo entero. Ella había vuelto.
Miley dio un paso, salió del camino y entró en el claro entornando los ojos, intentando verle las facciones más allá de las sombras que las ocultaban.
Sonrió irónico. Ella no sabía quién era, no tenía ni la más remota idea.
«Y por eso ha vuelto», pensó en un destello de claridad. No sabe quién es su amante secreto, la curiosidad la ha hecho regresar.
Y lo supo. Sin lugar a dudas, sin temor a equivocarse, lo supo.
En el mismo instante en que ella descubriera su identidad, el sueño terminaría.

Podía ser honesto y descubrirse ante ella. Podía arriesgarse a estar equivocado, mostrarse ante ella y rezar para que no saliera huyendo. Podía, pero no lo haría. Hacía años que había aprendido que si no tomaba lo que quería en el momento en que estaba a su alcance, luego era demasiado tarde. Y él quería a Miley. Siempre la había querido. Siempre la había deseado. Si ahora podía obtener parte de ella, tocar su piel, entrar en su cuerpo, tomaría lo que le ofreciera; más incluso, aunque ella no supiera quién la poseía, quién la tocaba, quién la saboreaba. Y si con el tiempo lograba entrar en su mente y hacerse un hueco allí, perfecto. Si por el contrario acababa con una patada en los cojones por meterse donde no debía... En fin, cosas peores le habían pasado. Como por ejemplo, perder un sueño.
Se levantó lentamente de la mecedora hasta posicionarse erguido en el porche; la mitad superior del cuerpo oculta en sombras, la mitad inferior imponente ante la mirada de la mujer. No se molestó en esconder su erección bajo los pantalones que reposaban en sus caderas. Mostraba orgulloso su pene erecto, grueso y brillante. Desafiante.
Miley notó cómo sus pezones se endurecían y su vagina palpitaba. Se mordió los labios sin retirar la vista de la estampa del hombre en todo su indómito atractivo. Dio un paso más y se quedó inmóvil, esperando a que él saliera de entre las sombras. Esperando que mostrara sus rasgos.
El desconocido sonrió para sí, sabía perfectamente lo que tenía que hacer.
Se giró y entró en la cabaña dejando la puerta abierta en una clara invitación.
Rezó porque Miley aceptara.


Summer Hot Cap.3





Su cuñado seguía apoyado en el tronco del roble, indiferente, mirándola con una sonrisa irónica en los labios e intuyendo, sin duda, que le había usado de excusa para librarse de la familia. Dudó entre dirigirse a él o dar media vuelta y perderse en el bosque, quizá con un poco de suerte aparecería el Lobo Feroz para devorarla, liberándola de la martirizante merienda familiar. Miró hacia atrás, la anciana señora la observaba fijamente. Suspiró, no le quedaba otra que acercarse a Nick por mucho que prefiriera morir a manos de un batallón de hormigas devora hombres. ¿Cómo se llamaban las de esa película de Charlton Heston? Mmm, no lograba recordarlo.
Sintió la mirada de Nick fija en ella y se preparó para una charla difícil. No porque su cuñado fuera un hombre complicado, que lo era, ni porque fuera ofensivo, que también lo era, sino porque había que sacarle las palabras con sacacorchos a no ser que tuviera ganas de hablar. Entonces era todavía peor.
En fin, más dolorosos eran los besos de tía Juana. Al menos Nick estaba bien afeitado.
—Hola —saludó tendiéndole la mano.
—Hola cuñada —respondió él con su voz potente y ruda—. ¿No me vas a dar un beso? A la tía Juana se lo has dado y se afeita peor que yo. —Miley gruñó para sus adentros, su cuñado parecía leerle el pensamiento en: los momentos menos oportunos.
—Tan agradable como siempre —refunfuñó, poniéndose de puntillas y besándole la mejilla lisa y tersa. Se fijó en las pequeñas arrugas que rodeaban sus ojos, antes no las tenía. Claro que hacía más de cinco años que no lo veía.
—Todo sea por las apariencias —contestó él saludando con la mano a la tía Eustaquia.
—¿Cómo se llamaban las hormigas esas que devoraban a la gente en la película de Charlton Heston? —preguntó Miley de sopetón. No es que tuviera mucho interés en saberlo, pero como decía Nick, había que guardar las apariencias, y si se iban a tirar cinco minutos haciendo como que se llevaban bien, era necesario conversar aunque fuera de estupideses.
—¿Así es como iniciáis una conversación las personas de la capital? —respondió burlón—. No sabía que en Madrid fuerais tan originales.
—Así es como los madrileños mandamos a la mierda a los imbéciles —contestó Miley enseñándole el puño cerrado con el dedo corazón estirado.
—Vaya modales. Ten cuidado, medio pueblo te está observando —dijo saludando con la cabeza a alguien situado detrás de Miley.
Esta se giró para encontrarse con la mirada afilada del cura del pueblo que, por si fuera poco, también era primo segundo, o tercero, del hermano de la cuñada de su suegro. O algo por el estilo. ¡Joder! ¡Estaba rodeada de familiares! ¡Era como la invasión de La guerra de los mundos, pero con tíos, primos y abuelos en vez de extraterrestres! Sonrió con la sonrisa más falsa del mundo y se giró para fulminar con la vista a su cuñado, cosa que a él le resbaló por completo.
—¿Qué tal te va la vida? —preguntó con los dientes apretados, intentando dar la impresión de una charla amena entre cuñados.
—Igual que hace cuatro años. ¿O son cinco? —contestó Nick, insinuando con esto el tiempo que llevaban sin verse—. No aprietes tanto los dientes o estallarán por la presión —comentó como quien no quiere la cosa, a la vez que la cogía del codo—. Vamos a dar un paseo.
—¿Contigo? ¡Antes prefiero que me devore la marabunta! —Eso era, por fin le salía el nombre de las hormigas asesinas—. Aunque... pensándolo mejor, prefiero que te devoren a ti —dijo con una enorme y falsa sonrisa zafándose del brazo por el que le sujetaba.
Se quedaron con la mirada fija uno en el otro. Nick apretó los puños junto a sus potentes muslos mientras una gruesa vena comenzaba a latir visiblemente en su cuello, síntoma inequívoco de que estaba ligeramente cabreado. Miley alzó la barbilla y se cruzó de brazos desafiándole.
Se comportaba con su cuñado de una manera totalmente irracional. Ella era una mujer tranquila, pasiva, con una actitud casi indiferente ante todo. Menos con su cuñado, con él sacaba a relucir un carácter endiablado que dejaría pasmados incluso a sus amigos más íntimos; si es que los tuviera, claro. No lo odiaba, pero casi. No tenía motivos para comportarse así con él, ni para volcar sobre él todas sus frustraciones y decepciones, pero así era y no podía evitarlo. Hacía cinco años en un momento de desengaño, despecho y desesperanza había matado al mensajero. Y ése había sido Nick. Mala suerte para él.
—Tenemos que hablar a solas —ordenó Nick dando dos pasos hacia Miley, pegándose a ella e intentando imponerse con su presencia.
Miley bufó. No la impresionaban sus casi dos metros de altura, ni el metro entre hombro y hombro, ni mucho menos el ancho cuello con la vena latiendo, por no hablar de lo risibles que eran sus brazos llenos de musculitos imponentes o sus largas piernas de muslos bien definidos enfundadas en vaqueros desgastados.
—Vas listo —siseó en respuesta a su orden. Los ojos claros de Nick se tornaron amenazantes bajo el mechón de pelo moreno que intentaba ocultarlos.
—Vaya, vaya... Mira quién está aquí —interrumpió el duelo de miradas un hombre alto de cabellos color ébano, piel morena, ojos verdes y sonrisa Profident en los labios—. Por fin has escapado de la casa-prisión del tío Abel. Aunque has saltado de la sartén para caer en las brasas —susurró divertido en el oído de Miley.
—¡Justin! ¿Qué haces aquí? —exclamó la mujer con muradiante, y por primera vez en el día, feliz sonrisa.
—Lo mismo que tú, penitencia.
—Idiota —soltó entre dientes Nick.
—Yo .también estoy encantado de verte, primo —comentó irónico mientras miraba seductor a Miley—. Creo que tío Agustín ha traído su famoso orujo de hierbas casero. Vamos a saludarle —dijo el recién llegado cogiendo a Miley del brazo—. Chao, primo.
—Adiós. —Miley se despidió con una sonrisa. Justin era la única persona divertida que conocía en el pueblo y es encantada de haberse encontrado con él.
Nick observó a su primo y a la exmujer de su hermano alejarse, caminando uno junto al otro, susurrándose cosas al oído y estallando en carcajadas. Inspiró con fuerza y apretó los puños hasta que crujieron los nudillos. ¿No quería hablar con él? Perfecto. Llevaba cinco años esperando esa conversación, le daba lo mismo esperar cinco más. Pero antes o después, prometió en silencio, hablarían.

martes, 16 de octubre de 2012

I Don't Want To Love You cap.15






–Tuve otro hijo, Colton. Y una esposa, Elise.
Ella lo miró, perpleja. ¿Había estado casado? Ashley no le había dicho nada.
–¿Qué pasó? –logró preguntar cuando pudo encontrar su voz.
–Los perdí a los dos en un accidente. Colton era un bebé, el bebé más precioso del mundo. Y Elise era… adorable, joven, llena de vida. Y una madre maravillosa.
Había tal dolor en su voz que a Miley se le encogió el corazón.
–Podría haber soportado que fuera una niña –siguió él–. Incluso estaba deseándolo. Pero un hijo… es que como si estuviera reemplazando a Colton.
Miley lo miró, boquiabierta. Querría negar que tener otro hijo significara reemplazar al que había perdido, pero permaneció en silencio. Tal vez no tenía sentido para ella pero, a juzgar por el brillo atormentado en los ojos de Nick, estaba claro que él lo creía.
¿Y cómo iba a discutir sobre algo tan trágico? Pero cuando miró hacia abajo sintió el abrumador deseo de proteger a su hijo. Le dolía en el alma que Nick estuviera sufriendo, pero no estaba dispuesta a permitir que su hijo pagara por algo de lo que no tenía culpa.
–¿Piensas negarle tu cariño a nuestro hijo porque ha tenido la mala fortuna de no ser del sexo que esperabas? –Yo no he dicho eso.
–Pero nada de lo que dices me deja claro que no sea así.
Nick se pasó una mano por el pelo.
–Lo estoy intentando, Miley. Tú sabes que yo no quería esto.
–Sí, lo sé, lo has dejado claro muchas veces. No me quieres a mí y tampoco quieres a nuestro hijo. ¿Pero sabes una cosa? Ninguno de los dos puede hacer nada. No es culpa del bebé que sus padres sean dos idiotas que no se dieron cuenta de que el preservativo se había roto.
Pero la verdad es que yo no lo lamento. Quiero a este niño. Si tú estás dispuesto a seguir en el pasado y a negarte a ti mismo el milagro de este hijo, es tu problema. Pero yo estoy harta.
Luego se dio la vuelta y tomó su bolso. No sabía si John estaba esperando y le daba igual. Tomaría un taxi si el coche no estaba en la puerta.
–¡Miley! 
Ella cerró de un portazo.
Qué tonta era, pensó. Se había acostado con él incluso después de que saliera corriendo de la consulta del ginecólogo. Nick había dejado claro desde el principio que no quería saber nada de compromisos y, sin embargo, ella había aceptado seguir viéndolo, como si estuviera convencida de que iba a curarlo de su soledad, de su tristeza. Como si pudiese hacerlo cambiar.
–¡Maldita sea! ¿Dónde vas? –lo oyó gritar.
Miley sacó el móvil del bolso con intención de llamar a Demi, pero Nick la había seguido en el coche.
–Sube ahora mismo. Esto es absurdo.
–Lo que sería absurdo es que me quedase aquí un minuto más. Me voy a casa de Demi, no te preocupes por mí.
Nick bajó del coche y la tomó del brazo.
–Al menos deja que te lleve a su casa. No quiero que vayas andando, es de noche y esta es una zona muy solitaria.
–Mientras prometas llevarme… 
–Sube –dijo él.
Miley subió al coche, pero se quedó mirando por la ventanilla, sin volver la cabeza.
–No digas nada, Nick –lo interrumpió cuando iba a decir algo–. No quiero escucharlo.
Miley saltó del coche casi antes de que hubiera frenado y, al ver a Demi en la puerta, Nick decidió volver a su casa.
–¿Qué ocurre? –le preguntó su amiga.
–Necesito dormir aquí esta noche –respondió ella, con los ojos llenos de lágrimas.


–Mira, Joe, sé que es tu amigo, pero es imposible –se quejó Miley.
Joe le pasó un vaso con zumo, mirándola con simpatía.
–Es un cabezota, cariño, siempre lo ha sido.
Demi la abrazó entonces… o, al menos, todo lo que pudo con su abultado abdomen.
Demi tenía un marido que la quería y Joe estaba como loco por la llegada de su hijo.
–No me puedo creer que se haya puesto así porque vamos a tener un niño.
–Es increíble, desde luego –asintió Demi.
Joe miró de una a otra. Una mujer embarazada era más que suficiente… ¿pero dos? 
–Sé que ha debido sufrir mucho y supongo que debería consolarlo,
pero no puedo hacerlo –siguió–. No puedo soportar que no quiera a este niño.
–No es eso –dijo Joe–. Además, compasión es lo último que Nick necesita. Es hora de que rehaga su vida y deje de pensar en el pasado.
Ella asintió con la cabeza.
–Sé que puede parecer una crueldad y se me rompe el corazón al verlo tan triste, pero no puedo seguir con esto. ¿Cómo se sentirá nuestro hijo al saber que su padre lo rechazó porque temía estar reemplazando al hijo que perdió? 
– Estás protegiendo a tu bebé –dijo Demi–. No tienes por qué disculparte.
–Es lógico que Nick sufra por la muerte de su familia, pero no se da cuenta de que esta es una segunda oportunidad. Este niño no reemplazará a Colton, ningún niño podría hacer eso. Pero no sé cómo convencerlo… Estoy cansada de fingir que me conformo con esta relación superficial. Nunca seré feliz con un hombre que solo me ofrece una parte de sí mismo.
Demi la abrazó de nuevo y Miley apoyó la cabeza en el hombro de su amiga.
–Puede que no lo sepa, pero yo creo que eres lo mejor que le ha pasado a Nick en mucho tiempo –dijo Joe.
–Estoy de acuerdo –dijo ella.
–Yo también –anunció Demi.
–Pero he vuelto a acostarme con él. Esta noche, después de que me dejase tirada en la clínica. Seré boba… Después de tan espectacular demostración de apoyo, yo voy y me acuesto con él –Miley dejó escapar un suspiro–. Alguien tiene que encerrarme en mi casa por mi propio bien.
Joe se aclaró la garganta.
–Creo que lo mejor será dejaros solas un rato. Si necesitáis algo, llamadme.
–Soy tonta, Dems –siguió Miley–. Y Nick es tonto. Los dos somos tontos y yo sigo enamorada de él.
Demi sonrió.
–A veces uno no puede evitar amar a alguien. No sabes las veces que yo deseé no amar a Joe con todo mi corazón.
–Al principio fue un idiota, es verdad. Imagino que eso es lo que me dio esperanzas con Nick. Pensé que cambiaría de actitud, pero… nada, soy tonta.
–¡No eres tonta! Eres valiente, lista y yo te quiero mucho.
Miley sonrió.
–Yo también. Perdona que haya aparecido sin avisar.
–No hay nada que perdonar. ¿Cuántas veces tuviste que soportarme tú llorando toda la noche? –Sí, es verdad, pero al final todo salió bien para vosotros y no creo que eso vaya a ser así con Nick. Parece acostumbrado a su dolor, como si no quisiera escapar de él.
–Seguro que todo se arregla.
–Sí, claro. Tú no estás enamorada de Nick. Tú no tienes que enfrentarte a un futuro atada a él, pero relegada a no ser nadie en su vida –Miley tuvo que contener un sollozo–. Estoy empezando a entender por qué algunas mujeres nunca le cuentan al padre de su hijo que están embarazadas.
–Has hecho lo que debías –dijo Demi–. Y todo saldrá bien, ya lo verás. Tienes que creerlo, cariño. Nick cambiará de opinión… mirará a su hijo y se volverá loco.
–Espero que tengas razón.





chicas aki les dejo estas dos noves solo me falta una mañana la subo
todo lo que ha pasado en este tiempo que no estuve 
aaww wedding bells no lo superare nunca♥
las amo niñas bellas ya las extrañaba besitos!!!
capis dedicados a todas!!!